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ENFERMEDAD DE MENIERE

Es un desorden del equilibrio producido por una anomalía localizada en la zona del oído interno llamado laberinto.


Dentro del oído interno están los canales semicirculares o “laberinto” que junto con el octavo nervio craneal (vestibulococlear), son los responsables de controlar el equilibrio y el sentido de la orientación.

El laberinto consta de dos partes:  

  • El laberinto óseo.
  • El laberinto membranoso.

 

El laberinto membranoso está revestido de hueso y contiene un fluido llamado endolinfa, de manera que cuando se mueve la cabeza, la endolinfa también se mueve, haciendo que los receptores nerviosos de dicho laberinto envíen una señal al cerebro sobre el movimiento del cuerpo.

Cuando, por alguna razón, el nivel de endolinfa aumenta, el laberinto membranoso se hincha como un globo o se dilata, lo que se denomina hidrops endolinfático, pudiendo provocar que éste se rompa, haciendo que la endolinfa se mezcle con otro fluido del oído interno llamado perilinfa.
En definitiva,  se cree que la mezcla de los dos fluidos produce los síntomas típicos de la enfermedad de Meniere.

Afecta el equilibrio y la audición del paciente y, habitualmente cursa con una triada característica: sensación anormal de movimiento o vértigo, hipoacusia en uno o ambos oídos y, acúfenos o ruido en el oído.

 

 

 

CAUSAS

La enfermedad de Ménière es un trastorno de etiología desconocida  y, aunque nunca se descarta la implicación de factores genéticos, es verdad que en algunos casos se ha comprobado que puede estar relacionada con otras patologías, como pueden ser:

  • Infecciones del oído medio.
  • Sífilis.
  • Lesiones de cabeza.

 

También se consideran como posibles factores de riesgo a la hora de provocar la aparición de la enfermedad:

  • Haber padecido una enfermedad viral reciente.
  • Haber padecido una infección respiratoria.
  • Situaciones de estrés y fatiga.
  • Uso de drogas.

SÍNTOMAS

Cada individuo puede experimentar los síntomas de una forma diferente, pudiendo aparecer repentinamente, de vez en cuando, o bien diariamente. 

Los síntomas más habituales son:

  • Vértigo. Se manifiesta con una sensación anormal de movimiento de la persona o del ambiente, que a veces puede ser tan intenso que obliga al paciente a acostarse
    • puede ser episódico.
    • puede durar desde minutos hasta más de 8 horas, e incluso días.
    • puede empeorar con el movimiento brusco.
    • suele ser rotatorio.
  • Hipoacusia o pérdida de audición en un oído. Con cada crisis habitualmente la audición va empeorando, aunque no suele llegar a ser completa.
    • afecta primero a los sonidos de baja frecuencia. 
    • se producen cambios en el alcance de pérdida de la audición.
  • Acufeno. Aparición de ruidos o zumbidos en el oído.
  • Náuseas, vómitos, etc.
  • Sudoración, a veces muy intensa.
  • Presión en el oído afectado.
  • Perdida del equilibrio.
  • Dolores de cabeza.
  • Malestar abdominal.
  • Diarrea. 

 

 

 

PRUEBAS DE DIAGNÓSTICO

 

Es importante ante la presencia de esta sintomatología, que el médico Otorrinolaringólogo realice un exhaustivo estudio físico del oído del paciente u Otoscopia, mediante un otoscopio. 

Este estudio se debe completar con una serie de preguntas clínicas sobre los síntomas, para descubrir la situación actual de la enfermedad, así como su posible evolución.

Es importante diferenciar la enfermedad de Meniere de otros tipos de vértigo, para lo cual se realizarán una serie de pruebas audiológicas, que permitirán detectar una posible pérdida auditiva. Entre ellas tenemos: 

 

Audiometría Tonal.

 

Timpanometría.

 

Potenciales evocados auditivos.

 

Este tipo de pruebas deben  complementarse con un estudio del equilibrio que incluye a la videonistagmografia.

 

Siempre que el médico Otorrinolaringólogo lo crea necesario, se pueden solicitar además una serie de pruebas radiológicas, como por ejemplo:

 

RNM de la cabeza. Se solicita sobre todo para descartar o determinar la existencia de un tumor.

 

Además, si fuera necesario, se puede realizar un examen neurológico del paciente, que podrá indicar una alteración del octavo nervio craneal, que a su vez puede provocar anomalías en la audición, en el equilibrio, o en el movimiento de los ojos.

 

 

 

TRATAMIENTO

No se conoce una cura definitiva para la enfermedad de Ménière, por lo que el tratamiento se orienta a aliviar la sintomatología que tiende a aparecer en "ataques discretos" y, la disminución de la presión dentro del saco endolinfático.

Si el paciente no se somete a tratamiento, lo normal es que los episodios de crisis sean cada vez más frecuentes y, tras años de enfermedad seguramente se encontrará con un estado permanente de desequilibrio moderado y pérdida auditiva severa.

Cuidados y medidas preventivas.

Resulta muy importante para no agravar los síntomas, tener en cuenta una serie de cuidados, como pueden ser:

  • Evitar los movimientos bruscos de cabeza.
  • Evitar las luces brillantes.
  • Evitar ver la televisión y la lectura.
  • Evitar realizar ciertas actividades que entrañen riesgo, hasta una semana después de la desaparición de los síntomas, tales como: manejar maquinaria pesada, escalar y cualquier otra actividad similar.
  • Adoptar cambios en la dieta: eliminación de la cafeína, el alcohol y la sal; lo que puede disminuir la frecuencia e intensidad de los síntomas.
  • Reducir, en la medida de lo posible, los niveles de estrés, ya que ésto puede aliviar la gravedad de los síntomas típicos de la enfermedad.

La fisioterapia orientada hacia la aclimatación a varias posturas puede ayudar mucho a la recuperación del paciente.

 

 

 

TRATAMIENTO NO QUIRÚRGICO

1. Cambios en la dieta

Es importante, en primer lugar, que el paciente realice una dieta baja en sal para poder eliminar así líquidos, ya que si éstos se acumulan en el oído interno, pueden ser una de las causas  responsables de provocar vértigo. 

Cuando el cuidado en la alimentación no es suficiente, es necesario acudir al tratamiento farmacológico.

 

2 .Tratamiento farmacológico
Con un correcto tratamiento farmacológico se llega a controlar un 95% de los pacientes, los cuales consiguen hacer una vida normal y sin limitaciones, aunque sin lograr que desaparezca completamente la sintomatología. 

Se prescribirán fármacos antihistamínicos, anticolinérgicos y diuréticos, para disminuir la presión endolinfática. Si la crisis se acompaña de vértigo, náuseas y vómitos se indicarán sedantes vestibulares (benzodiazepinas, antidopaminérgicos, etc.), vasodilatadores  y antieméticos.

 

3. Adaptación Audioprotésica
En cuanto a la hipoacusia, una vez que se ha establecido, el único tratamiento es la Rehabilitación Auditiva mediante audífonos.

 

4. Gentamicina Intratimpánica
Aproximadamente un 5% de los pacientes no responden al tratamiento medicamentoso convencional, por lo que pueden ser tratados aplicándoles Gentamicina Intratimpánica y, si no mejoran, se valorará una posible intervención quirúrgica.

 

 

 

TRATAMIENTO QUIRÚRGICO

 

Cuando el paciente no responde a ninguno de los tratamientos anteriores y los síntomas son severos, puede requerirse tratamiento quirúrgico.

Hay dos grupos de intervenciones quirúrgicas, según si:

  • Conservan la audición.
    • Descompresión del saco endolinfático      
    • Neurectomía del nervio vestibular por fosa media.

 

  • No conservan la audición
    • Laberintectomia
    • Neurectomía del nervio vestibular por vía translaberíntica.

 

En general somos partidarios, siempre que sea posible, de conservar la audición, ya que en el 20% de los pacientes la enfermedad termina afectando también al otro oído.